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¿Qué prefieres, que tu hijo estudie poco o que no estudie nada?

Supongo que escogerás la primera opción. Yo también lo haría.
Parafraseando al «fuertaco» Sergio Peinado: «cualquier rato de estudio, aunque no sea mucho, es más efectivo que el estudio perfecto que no llegas a hacer«.
Yo también pienso que mejor avanzar cada día algo, aunque sea poco y no esté todo lo bien hecho posible, que sólo querer mucho y perfecto… pero, como no puedes hacerlo así, no hacer nada.
En definitiva, tu objetivo no debe ser que tu hijo estudie bien, si no conseguir que tu hijo estudie mejor cada día que el anterior.
Creo que lo he comentado alguna vez. En el momento que escribo esto, estoy preparándome para hacer una maratón.
A mis 44 años, con el ligamento cruzado de mi rodilla izquierda roto, mis noventa y pico kilos y mis 188 cm, estoy siguiendo una rutina de entrenamiento con mente en la Maratón de Zaragoza 2025.
Mejor mal hecho, que perfecto sin hacer
El otro día, como marca mi planificación, hice un entreno algo más largo. Hasta ahora los había disfrutado todos, pero el de ayer fue una agonía. Ya no tenía muchas ganas de salir, pero… había que hacerlo.
Fueron 115 minutos en los que, en ningún momento, disfruté la experiencia, como le suele ocurrir a un alumno cuando estudia (alguno habrá que disfrute estudiando, pero son los menos). Pero, hay que hacerlo.
Como les digo a mis alumnos, si tu planificación dice que tienes que hacer algo (por ejemplo, estudiar 10 páginas de un tema), aunque ese día por lo que sea no lo puedas hacer perfecto, hazlo, aunque sea menos de lo que tenías que hacer (mejor estudiar 4, que ninguna).
Mejor mal hecho, que perfecto sin hacer.
Cuando le contaba a un amigo cómo había sido mi salida a correr, me dijo: “Tampoco pasará nada porque te saltes un día el entrenamiento…”. Pues sí, sí pasa.
Por que esto no sólo va del resultado, si no del proceso: de generar un hábito, de salir de la zona de confort,… Y, de nuevo, esto es igual de válido para el estudio.
Beneficios de hacer lo que toca, aunque no sea todo lo bien que quisieras (sea entrenar… o estudiar)
Si salgo, aunque no corra al ritmo que quiero, aunque no disfrute en el momento la experiencia, si me echo a correr aunque no tenga ningunas ganas,… estoy consiguiendo múltiples beneficios.
De la misma forma, cuando un estudiante sigue su planificación para preparar un examen, aunque no le dé tiempo a hacer lo previsto, sólo por el hecho de haber estado los 30 o 45 minutos que debía frente a sus apuntes… consigue múltiples beneficios:

- Sólo el hecho de disponerse a estudiar, sin tener ganas, implica que sigue afianzando un hábito que es muy importante para sus resultados: cumplir su horario (algo que parece sencillo de hacer, algo que mucha gente dice que hace siempre… pero, realmente, no es así).
- Estudiar, aunque sea sin motivación en ese momento, es ya enfrentarse a un obstáculo, superar una prueba que mente y cuerpo ponen e, independientemente de lo que pase después, saque muy buena nota o no, algo habrá ganado, porque se habrá fortalecido mentalmente, habrá salido frecuentemente de su zona de confort, y eso tiene resultados a corto plazo si se mantienen.
- Aguantar los 30-45 minutos de estudio, cuando lo fácil habría sido coger el móvil o cerrar los libros en el minuto 2, hace que cuando termine se sienta reconfortado, empoderado y motivado como pocas otras cosas pueden hacerlo, y eso se traslada a todos los ámbitos de la vida.
En definitiva, crece.
Y ese es el verdadero objetivo que yo tengo con Estudiantes Productivos: ayudar a que los jóvenes estudiantes adquieran unos hábitos y rutinas que les servirán en su día a día como estudiantes, y en el resto de áreas de su vida hoy, y en el futuro.
Me encantaría que mis hijos, toda persona que aprecio y mis alumnos, tuvieran ese mismo objetivo: crecer cada día, aunque sea un poco, para ser siempre tu mejor versión. Y tú lector/a, por supuesto, también.
Insisto, el objetivo debe ser conseguir que tu hijo estudie mejor cada día que el anterior.
«ESTUDIANTES PRODUCTIVOS»: la formación para aprender a planificar y gestionar el tiempo
En mi formación “Estudiantes Productivos” enseño a mis alumnos a marcarse objetivos, y luego les enseño a planificarse para conseguirlos (trimestral, semanal y diariamente).

Una vez tienes esa planificación, lo realmente difícil, es seguirla. Mejor dicho, empezar a seguirla. Porque una vez la empiezas, y superas el primer bache, adquieres el hábito y… el resto es imparable.
¿Quieres ayudar a tu hijo a hacerlo? Te doy 2 opciones:
- Trabaja con él estos aspectos, y en este orden:
– Dile que se plantee objetivos (en los estudios y en cualquier otra área).
– Pensad juntos en qué tiene que hacer para conseguirlos: fijad una hoja de ruta desde hoy, hasta la fecha en la que quiera alcanzarlo (hay que poner una fecha límite).
– Anímale y estimúlale a seguir SIEMPRE esa planificación. Todos los días, aunque no haga todo lo que tenía previsto (salvo circunstancias que realmente sea excepcionales y lo imposibiliten), que vaya avanzando, y así cada día será mejor que el anterior. Si en su planificación pone estudiar historia una hora, y sólo puede media, pues media; si puede una hora y tenía que mirarse 10 páginas, pero sólo se ha mirado 6, pues 6. Lo que no se puede hacer es, previamente, excusarse en cualquier cosa para no hacerlo:- “Ya me lo miraré mañana, que aún tengo tiempo hasta el examen” NO, mañana puedes tener cualquier otro contratiempo (excusa).
- “Es que tengo que mirarme 10 hojas, pero como hoy he tenido el imprevisto X sólo me dará tiempo a 4, total, para eso, mañana en lugar de 10, hago más y listo” NO, mañana puedes tener otro imprevisto.
- “Es que tenía que estudiar una hora, pero sólo voy a poder 15 minutos, porque tengo que irme a Y, y para 15 minutos sólo…” NO, pues sólo 15 minutos.
- Échale un vistazo a mi formación (te dejo aquí un vídeo explicativo), y deja que sea yo quien le ayude al respecto.
Paso a paso, hasta la meta.

Vuelvo a la pregunta del principio: ¿Qué prefieres, que tu hijo estudie poco o que no estudie nada?. Como leí una vez: “subestimamos el poder de las acciones más pequeñas”.
¿Cuándo querías que tu hijo/a aprendiera a montar en bicicleta, le exigías que lo hiciera a la primera? Seguro que no. Pues esto es lo mismo.
Hacer las cosas bien es muy difícil. A la primera, imposible. Pero hacerlas cada día un poco mejor que el anterior es fácil.
Si quieres que tu hijo estudie bien, que se organice, lo que debe hacer es planificarse focalizándose en sus objetivos, y luego que cada día cumpla al máximo esa planificación.
Al principio le costará un poco. Luego menos. Después, menos aún. Hasta que, quizá no la cumpla al 100%, pero seguro que si lo hace al 70% sus resultados mejoran respecto al punto de partida.
Y cada día que cumpla un poco de esa planificación, y lo haga mejor que el anterior, su mente le enviará un mensaje de recompensa inmediato. Es nuestra fisiología.
A mí hoy me toca otro entreno. Más fácil, más cómodo. Pero estoy seguro de que lo veo así porque ayer, que habría hecho casi cualquier otra cosa antes que salir a correr, acabé completando el entrenamiento que tenía que hacer. Mal hecho, pero mejor que haberme quedado en el sofá.
Mi forma física es mejor, y mi fortaleza mental (algo que necesitaré el día de la maratón, y que un estudiante necesita el día de un examen) también.
